Era finales de diciembre del ano pasado cuando de pronto me apareciò un acnè nefasto en el rostro, cual adolescente en etapa del desarrollo. El pata con el que salìa desapareciò màs ràpido que flash apenas le dije que a mì no me gustaba jugar. Mi trabajo terminaba a fin de mes por falta de recursos de la empresa, peor no me podìa ir.
Cogì a mi mejor amiga (mi almohada) y la mordì desesperadamente. No llorè; por alguna razòn, no podìa.
La pataleta me durò menos de lo que pensè al punto de mejorar notablemente el acnè y olvidar el rostro de flash en un abrir y cerrar de ojos. Habìa llegado el momento de dejar Milano, Como y el Norte en general. Mi vida necesitaba un cambio y necesitaba respirar aires distintos.
Empecè a mandar curriculums por doquier con la certeza de que tal vez aùn no era el momento de dejar Italia. Siempre quise vivir el Sur y conocer el sabor de su comida, el corazòn de Italia que para mì nunca fue Roma, sino el Sur, sea Puglia, Calabria, Napoli o la bella Sicilia, necesitaba conocer aquellos lugares donde dicen que la gente es màs càlida y donde la sazòn y la autenticidad de sus platos predomina.
No tuve mejor idea que postular a los mejores hoteles de Italia y me mandè con mi aùn poca experiencia pero con mis tantas ganas de crecer. A la semana me llamaron mientras estaba haciendo una especializaciòn en pizzeria, nada màs y nada menos que para una gran cadena de hoteles, tal vez una de las màs potentes del mundo. El hotel con el màs grande campo de golf de Europa me estaba llamando a hacer una prueba dos semanas despuès en su exclusivo y lujoso hotel con 130 hectàreas y 7 restaurantes en su interior.
Llegò aquel bendito dìa y Sicilia me recibiò con màs de 15 grados cuando en pleno Milan era pleno invierno. El acento era inconfundible, parecìa que extendìan sus labios y lengua al hablar como aplastadito.
Lleguè a Palermo y me pareciò estar en la Av. Abancay en Lima. Era todo tan grande, tan acogedor y a la vez tan sucio. Me morìa de hambre, caminè por toda la plaza. Eran las 11am y no habia tomado ni desayuno, pasè por un restaurante y habìa una caretilla afuera, Sì, carretilla, es es comùn en el Sur, un senor vendìa el clàsico "Pane e milza" o sea "Pan con baso". Era extrano y tal vez al decirlo asì pensarìn que es una asquerosidad medio babosa, pero no. Al darle el primer mordido a la inmensa mafalda (pan tipico siciliano a forma de trenza con ajonjolì encima), tenìa uno de los sabores màs deliciosos que haya probado en mi vida. Bendije al carretillero y le dije que siempre quise conocer su ciudad, que todos los sicilianos que habìa conocido en mi vida eran personas muy generosas, que me habìan hablado de sus platos exquisitos y ahora yo era muy afortunada de poderlos comer. El carretillero me mirò admirado preguntàndome de dònde venìa. Le dije: .-Soy peruana pero vivo en la provincia de Como-. Me dijo:- Eres peruana? pensè que eras comense porque hablas muy bien el italiano, pero no me tienes que pagar, èsto te lo quiero ofrecer yo- Le dije que no era necesario, pero me dijo:- Si tanto te ha gustado Sicilia, volveràs a èsta hermosa tierra y èsta vez si lo pagaràs.- Le agradecì enormemente y le dije que esperaba que la prueba fuera bien.
Lleguè al hotel, era màs gigante de lo que pensaba, debìa transladarme en coche de un lugar a otro. Los companeros de trabajo se mostraron muy serviciales y aunque me morìa de miedo, la prueba fue bastante bien. El chef principal, una persona autèntica, sincera y precisa, todo era maravilloso.
Regresè a Como despuès de dos dìas con la incertidumbre de saber si me llamarìan o no. A las dos semanas obtuve la respuesta. Mi entrevista y prueba habìa ido bastante bien e iniciaba a trabajar el primero de abril. Gritè de la felicidad y agradecì mil veces a Dios.
La vida està llena de metas, de batallas por hacer para lograrlos, como alguna vez leì: "Un sueño no se hace realidad a través de la magia; conlleva sudor, determinaciòn y trabajo duro". Y como para determinadas nadie me gana pues a darle duro a èsta nueva travesìa! y ahora mientras estoy en el bus que me llevarà a Sicilia, viajando por 24 horas percorrerè toda Italia y aunque tal vez llegue con un gran dolor de espalda y de alguna otra parte trasera, vale la pena. Todo vale la pena.










