Otras sabidurias desesperadas

29 de marzo de 2013

Nueva travesìa





Era finales de diciembre del ano pasado cuando de pronto me apareciò un acnè nefasto en el rostro, cual adolescente en etapa del desarrollo. El pata con el que salìa desapareciò màs ràpido que flash apenas le dije que a mì no me gustaba jugar. Mi trabajo terminaba a fin de mes por falta de recursos de la empresa, peor no me podìa ir.
Cogì a mi mejor amiga (mi almohada) y la mordì desesperadamente. No llorè;  por alguna razòn, no podìa.

La pataleta me durò menos de lo que pensè al punto de mejorar notablemente el acnè y olvidar el rostro de flash en un abrir y cerrar de ojos. Habìa llegado el momento de dejar Milano, Como y el Norte en general. Mi vida necesitaba un cambio y necesitaba respirar aires distintos.
Empecè a mandar curriculums por doquier con la certeza de que tal vez aùn no era el momento de dejar Italia. Siempre quise vivir el Sur y conocer el sabor de su comida, el corazòn de Italia que para mì nunca fue Roma, sino el Sur, sea Puglia, Calabria, Napoli o la bella Sicilia, necesitaba conocer aquellos lugares donde dicen que la gente es màs càlida y donde la sazòn y la autenticidad de sus platos predomina.
No tuve mejor idea que postular a los mejores hoteles de Italia y me mandè con mi aùn poca experiencia pero con mis tantas ganas de crecer. A la semana me llamaron mientras estaba haciendo una especializaciòn en pizzeria, nada màs y nada menos que para una gran cadena de hoteles, tal vez una de las màs potentes del mundo. El hotel con el màs grande campo de golf de Europa me estaba llamando a hacer una prueba dos semanas despuès en su exclusivo y lujoso hotel con 130 hectàreas y 7 restaurantes en su interior.
Llegò aquel bendito dìa y Sicilia me recibiò con màs de 15 grados cuando en pleno Milan era pleno invierno. El acento era inconfundible, parecìa que extendìan sus labios y lengua al hablar como aplastadito.
Lleguè a Palermo y me pareciò estar en la Av. Abancay en Lima. Era todo tan grande, tan acogedor y a la vez tan sucio. Me morìa de hambre, caminè por toda la plaza. Eran las 11am y no habia tomado ni desayuno, pasè por un restaurante y habìa una caretilla afuera, Sì, carretilla, es es comùn en el Sur, un senor vendìa el clàsico "Pane e milza" o sea "Pan con baso". Era extrano y tal vez al decirlo asì pensarìn que es una asquerosidad medio babosa, pero no. Al darle el primer mordido a la inmensa mafalda (pan tipico siciliano a forma de trenza con ajonjolì encima), tenìa uno de los sabores màs deliciosos que haya probado en mi vida. Bendije al carretillero y le dije que siempre quise conocer su ciudad, que todos los sicilianos que habìa conocido en mi vida eran personas muy generosas, que me habìan hablado de sus platos exquisitos y ahora yo era muy afortunada de poderlos comer. El carretillero me mirò admirado preguntàndome de dònde venìa. Le dije: .-Soy peruana pero vivo en la provincia de Como-. Me dijo:- Eres peruana? pensè que eras comense porque hablas muy bien el italiano, pero no me tienes que pagar, èsto te lo quiero ofrecer yo- Le dije que no era necesario, pero me dijo:- Si tanto te ha gustado Sicilia, volveràs a èsta hermosa tierra y èsta vez si lo pagaràs.- Le agradecì enormemente y le dije que esperaba que la prueba fuera bien.

Lleguè al hotel, era màs gigante de lo que pensaba, debìa transladarme en coche de un lugar a otro. Los companeros de trabajo se mostraron muy serviciales y aunque me morìa de miedo, la prueba fue bastante bien. El chef principal, una persona autèntica, sincera y precisa, todo era maravilloso.

Regresè a Como despuès de dos dìas con la incertidumbre de saber si me llamarìan o no. A las dos semanas obtuve la respuesta. Mi entrevista y prueba habìa ido bastante bien e iniciaba a trabajar el primero de abril. Gritè de la felicidad y agradecì mil veces a Dios.

La vida està llena de metas, de batallas por hacer para lograrlos, como alguna vez leì: "Un sueño no se hace realidad a través de la magia; conlleva sudor, determinaciòn y trabajo duro". Y como para determinadas nadie me gana pues a darle duro a èsta nueva travesìa! y ahora mientras estoy en el bus que me llevarà a Sicilia, viajando por 24 horas percorrerè toda Italia y aunque tal vez llegue con un gran dolor de espalda y de alguna otra parte trasera, vale la pena. Todo vale la pena.

22 de marzo de 2013

Señor Sanguito

Tenìa un metro y cuarenta de estatura y aproximadamente 60 años. Era el Señor Sanguito, el rey de èste emblemàtico y criollìsimo dulce.
Pasadas las ocho de la noche, algunos niños empezàbamos a caer en los brazos de Morfeo, cuando a lejos venìa "el señor sanguito" con una almohada en la cabeza y un postre magistral encerrado en una hurna. Solìa gritar a todo pulmon "Sanguiiiiiiito" y salìamos todos corriendo disparados a comprar èste bendito dulce, que por un sol te regocijaba el alma y el azùcar en èl, te calentaba esas noches humedad en Lima. 
Que rico que era! la harina de maiz, la chancaca, el aceite, el clavito, la canela, las pasitas, y sus caramelitos hacian que el dulce sea màs una fiesta, un doncito del cielo que pasaba de vez en cuando por esas calles acompañado de èste magnìfico señor y sus generaciones. Y es que su padre y su abuelo tambièn vendieron sanguito.
Yo lo conocì a mis 3 años y a los 22 que volvì a estar ahì, lo volvì a ver, volvì a probar sus dulces, èl estaba igualito, sòlo cada vez mas chiquito. Tal vez el peso del sanguito y las largas horas de caminatas que se hacìa por Lima lo habìan disminuido un poco màs pero ese saborcito de su dulce, me trajo a la mente los mejores momentos de mi infacia.
Este màgico señor hace que los dulces de Lima de anteaño no mueran. Que la tradiciòn viva señor Sanguito! Larga vida a usted!




13 de marzo de 2013

Maldito amor, bendita amiga.

Era el verano del 2000, yo pasaba de sexto de primaria a primero de secundaria con un año menos que el resto de mis compañeros. Era la màs pequeña de edad y la que aùn no habìa cogido el desarrollo.
Es en ese lapso entre sexto de primaria y primero de secundaria donde las niñas cambian y empiezan las clases siendo màs "señoritas".
Todos los chicos esperan ver pasar a cada una de ellas para nombrar a la reina de la clase, la preferida, la que en ese transcurso de tiempo se ha desarrollado màs.
No era mi caso.

Wendolin era una chica muy linda, la màs alta de la clase, una figura envidiable para la poca edad que aùn tenìa, unos ojos orientales perfectos y una piel canela suave y delicada, gran deportista y aplicada en cada cosa que se proponìa. Se convirtiò ràpidamente en la preferida de los chicos, la reina de la clase y ella y yo fuimos casi inmediatamente mejores amigas; las amigas de toda la vida, esas con las que juras amistad de pequeña y en muchos casos la que a pesar de los años que pasen y las vidas cambien, siempre serà tu mejor amiga.
Llegò a clases dìas despuès el chico nuevo: Blanquito, castaño, ojos color miel y no tan alto, muy diferente al resto de chicos de la clase. Se llamaba Jorge y fui la ùnica en no quedarme inmediatamente flechada de èl.
Marta la chica màs vanidosa y astuta de la clase, se convirtiò en su amiga inseparable, hasta el punto de ser exageradamente pegajoza.
Habìa llegado aquel momento en el cual las conversaciones entre chicas tomaban otro rumbo, era hora de saber quien nos gustaba a cada una. Hicimos la reuniòn de grupo en el recreo, y todas entre risas confesaron quien les gustaba. Marta confesò que soñaba dìa y noche con ser la novia de Jorge, el chico nuevo. No tenìa ni que decirlo, eso era màs que notorio! Cuando le tocò el turno a Wendolin ella dijo: - "A mi no me gusta nadie, todos los chicos aquì son feos" - Y me mirò agachando la cabeza y dàndome una sonrisita còmplice. Yo afirmè lo dicho y dije que a mi tampoco me gustaba ninguno. Todas nos miraron preocupadas como si fuèramos aùn unas niñas y no hayamos entendido que ya estàbamos en secundaria y que el gusto por los chicos era una cosa normal.
En la tarde Wendolin y yo nos reunimos en mi casa mientras en la radio pasaban mùsica de Britney Spears: "-Oye Wend y a ti realmente no te gusta nadie?-" le preguntè curiosamente "- Mmmm..en realidad...sì. Y a ti te gusta alguien?-" me respondiò- "Bueno, al inicio no me gustaba nadie, pero con el pasar de los dìas me ha empezado gustar..."- Le dije "-A sì? quièn?-" me dijo "- No vale Wend, primero responde tu! yo te preguntè primero-" le respondì "- Bueno...la verdad es que a mi me gusta un poco Jorge-" Me quedè perpleja, la mirè agachè la cabeza y le dije "- Wend...hay un problema, a mi tambièn me gusta un poco Jorge-."

Aquella tarde todo fue extraño, el primer chico que me gustaba tambièn le gustaba a mi mejor amiga, pero ella tenìa màs posibilidades que yo, ella ya se habìa desarrollado muy bien, era esbelta y delicada y yo...gordita, sin forma y muy engreida.
"-Wend, yo no quiero que nuestra amistad cambie. Hagamos algo, prometamos ser siempre las mejores amigas y si a èl le gusta alguna de las dos, la otra no se va a picar, yap?-" le dije, Wend afirmò y nos abrazamos emocionadas, màgicamente en la radio apareciò aquella canciòn que marcarìa esa etapa en nuestras vidas: Maldito amor, maldita amiga de Supernova.
La astuta de Marta se nos adelantò y mientras vendìa besos a cambio de un sol a èl se los dio gratis, aùn sabiendo que a mi y a Wendolin, de quienes ella decìa ser mejor amiga, nos gustaba. Wend y yo sufrìamos cada vez que sabìamos que èl irìa a su casa a hacer a algùn trabajo, trabajos que terminaban en besitos inocentones que con el pasar de los años se convirtieron en màs calentones. Alguna vez jugamos botella borracha con Jorge, y ambas terminamos dàndole piquitos inocentes, de los cuales èl luego hablaba mal. No entendìamos hasta el momento porquè era tan cruel con nosotras, muchas veces nos hizo llorar con sus comentarios estùpidos. Un tiempo dijo a todos sus amigos que yo le gustaba, en otro momento dijo que le gustaba Wend y en otro Marta, y asì pasò, cuando cambiaba de gusto hablaba mal de su gusto anterior. No era normal que un chico se comportase asì, pero Marta siguiò detràs de èl hasta el ùltimo dìa que estuvo en el cole.
Wend y yo cambiamos de colegio en cuarto de secundaria, fuimos a un colegio pre-universitario en clases diferentes pero aùn asì no perdimos el contacto. Pasaron los años y no supimos nada de Jorge; sin embargo, al inicio no perdì el contacto con Marta quien posteriormente me jugò una gran perrada y decidì sacarla completamente de mi vida.

Wend y yo tuvimos algunos novios, crecimos, maduramos, entramos a diferentes universidades y luego yo viajè, perdimos el contacto.

Regresè al Perù en 2010 y tuve un encuentro con algunos compa
ñeros del colegio. Saliendo del restaurante al que fuimos a comer atraversamos la esquina y como esas cosas del destino nos cruzamos con Marta. No habìa cambiado casi en nada, nos miramos y saludamos muy bien, ya èramos adultas y las perradas cometidas alguna vez ya eran cosa del pasado. Marta me contò muchas cosas, habìa estado estudiando derecho, pero lo habìa dejado por diversos motivos.. Le contè que yo vivìa en el exterior, que mis padres vivìan en Suiza, estaban muy bien y que yo estaba estudiando gastronomìa con la finalidad de algùn dìa abrir un restaurante. Su "Ah mira!" con media sonrisa me hizo entender que mi felicidad y estabilidad no le daba tanto gusto. Hasta que tuvo que tocar el tema: " -No sabes! te acuerdas de nuestro querido Jorge?-" me dijo "- Nuestro...? o tuyo?-" le respondì "-Bueno ese chico pues que nos gustaba! bueno alucina que ahora es una linda chica, Jorge es gay querida!-" Me quedè atònita, no lo podìa creer, pero sòlo en ese momento entendì que tanto rechazo y chismes sobre las chicas no podìa venir de un chico heterosexual, sino de alguien quien estaba pasando por una lucha entre su masculinidad o aceptar la realidad de no gustarle las chicas y por ello menospreciarlas de ese modo.

Tal vez ese era era la mejor excusa para llamar a Wendolin despuès de tantos a
ños. Necesitaba contàrselo a ella antes que a nadie y asì fue. Fue el mejor motivo para que Wend y yo nos encontràramos, nos abrazàramos y chismosèaramos tanto, tanto, tanto, rièndonos de Marta quien habìa usado todos sus encantos para conquistar a un chico quien en realidad nunca estuvo interesado en ella y mucho menos lo estarìa ahora a menos que quisiera pedirle prestados un par de zapatos.

Te acuerdas Wend cuantos llantos?.
No lo tuvimos, nunca fue mìo, nunca fue tuyo, en realidad, nunca fue de nadie.

Jamàs nos peleamos por èl, al contrario lloràbamos juntas cuando èl trataba mal a la otra. Sòlo nuestra amistad terminò siendo lo màs autèntico que pasò en todo el tiempo del cole, esa amistad que con el pasar del tiempo, de los años y las experiencias, se volviò màs inseparable.
Ahora reimos de todo ello, verdad Wend?, mi bendita amiga.




28 de febrero de 2013

El callejòn de la Negra

Era una mujer de rasgos morenos y piel acriollada, unos 27 años y la gila màs buenamoza del callejòn, pero no se llamaba Paquita, sino Marisa, aunque nadie la conocìa por ese nombre, todos la llamaban "la negra". Tenìa un caminar que iba al compàs con sus inmensas caderas, una cintura diminuta y una alteza que imponìa admiraciòn, preciosa era la negra. Se paraba en la puerta del callejòn màs popular de Breña a contemplar la vida de todo aquel que pasase; admiraba cada espectàculo, peleas de parejas, traiciones, venganzas, chismes y alborotos.
Un dìa me contò la negra que frente a sus ojos una pareja empezò a pelear fuertemente, èl subiò el tono de la voz, ella empezò a llorar, èl pasò del tono alto a los gritos y las ofensas, la cogiò del cuello y la empezò a ahorcar, la mujer empezò a ponerse azul. No era la primera vez que la negra veìa a una pareja pelear, pero nunca al punto de creer que èste la podrìa matar, asì que no soportò y se metiò, con groserìas y la voz ronca caracterìstica de ella, gritò: -"Oye hijo de puta, deja a esa mujer, cobarde asqueroso"- le dijo la negra. El hombre la mirò asustado, dejò a la mujer y antes de reaccionar, la mujer de èste le respondiò- "Tù que te metes, negra de mierda, èl es mi marido y puede hacer conmigo lo que quiera, vete puta"- La negra la mirò asustada, tenìa frente a ella un ejemplo claro de mujer cojuda.  -"Me asustè ahijada, desde ahì prometì nunca màs meterme cuando a una tipa se la suenan- me dijo.

La negra Marisa y mi madre eran mejores amigas, crecieron juntas, compartieron anècdotas, alegrìas, peleas y novios, pero se hicieorn màs que inseparables. Mi madre cuando fue peque
ña la hizo "madrina de hàbito", loca costumbre, asì que desde aquel dìa la empecè a llamar "madrina".  Ella no tenìa oficio ni beneficio, nunca trabajò.  En su familia le habìan hecho creer que los ùnicos que debìan trabajar eran los hombres, las mujeres debìan estar en casa a cocinar, lavar, planchar y las solteras a hacerse siempre màs bellas. Su vida diaria era sòlo observar; salìa de la puerta de su casa vestida con un pantalòn blanco de jeans  a la cintura muy ajustado, una blusa verde metida debajo del pantalòn, una correa que le senaba màs la figura y sus labios pintados de rosado fuerte.
La negra entendiò que siendo sòlo un miembro de su familia el que trabajaba, debìan entrar otros ingresos a casa, asì que no tuvo mejor idea que ponerse a vender queques. No tenìa horno, sòlo una cocina a querosene con sòlo dos hornillas, esa era una cosa muy habitual en el callejòn. No sè aùn còmo, pero la negra hacìa los queques de vainilla màs deliciosos del mundo, supongo que los harìa a ba
ño Marìa como las antiguas. no lo sè, nunca lo supe, eran sus secretos de cocina. Salìa recièn del horno y medio barrio ansioso esperaba en la puerta; el olor de vainilla, leche, harina, huevo, azùcar y querosene se sentìa en toda la manzana - "Negrita, vèndeme tu queque" - le decìan los groseros - "Fuera de acà oye, apestoso, ya, ya, còmprame no màs, apura, apura, dame el sol"- decìa -"No sòlo el sol mamita, si quieres te doy  la luna y las estrellas"- le respondìan los vagos. - "Por ti, trabajarìa"- le decìa otro gracioso. Con las ùltimas dos tajadas la negra se ponìa en la puerta y bailaba- "Dale jamòn a la negra, que es comelona, que es comelona...quequito caserito, quequito recièn calientito"- decìa sonriente y en dos segundos las dos tajadas desaparecìan.

Hasta que llegò el amor, siempre el amor en medio...

Un dìa con una ùltima tajada de queque, la negra viò pasar como una luz destellante al hombre que serìa el amor de su vida. Se llamaba Enrique, era un hombre alto trigue
ño, fornido y por què no, simpàtico. Lo que es el amor, a veces el destino depara  enamorarse perdidamente a primera vista, sin entender razones, edades, oficios y compromisos. Enrique era obrero en una fàbrica, convivìa con una mujer y tenìa un hijo pequeño. Era unos años menor que la negra y estaba entrando en una lamentable adicciòn a las drogas. La negra no entendìa o no querìa entender, se hacìa la ciega. Desde que empezò el primer contacto con èl, enloqueciò de amor y no le importaba nada, sòlo èl. Asì entraron en una relaciòn pasional, besos y caricias en el callejòn, ya la negra no regresaba a casa, ya la negra no era màs una señorita, la negra ya no bailaba en la puerta, el callejòn se habìa empezado a apagar.

La relaciòn durò muchos a
ños, con los gritos, lisuras y golpes que se escuchaban en el callejòn cuando la mujer de Enrique se enterò de todo, con los supuestos viajes que hacìa Enrique que no eran otra cosa que internamientos por sobredosis, con los conflictos y los llantos de la negrita bella, esa negrita ya no era la misma.

Un domingo familiar, en plena hora del lonchecito, la negra saliò a comprar con una de sus hermanas a la panaderìa -"pan crocantito pa' familia, pan con mantequilla, pan con tecito"- . Hasta que sucediò lo inevitable, aquellos momentos que marcan nuestras vidas para siempre esos en los que el corazòn se destruye al ver lo que no queremos ver; en la otra acera caminaba Enrique con otra mujer que no era la suya. Era una mujer mayor, inmensamente gorda, descuidada y chancletuda. Pobre negra, el corazòn se le destrozò. Enrique la mirò, se percatò de la palidez de su rostro, giro la mirada y siguiò su camino sonriente, abrazado con la vieja gorda. Desde aquel momento, la vida de la negra, se empezò a desvanecer.

Durante un a
ño entero la negra se dedicò a llorarlo, èl nunca màs volviò a cruzar por la cuadra ni le dio explicaciones, decìan por ahì que lo veìan, ahora vivìa con la gorda 3 cuadras màs allà, dejò a su mujer y a su hijo, buscò esa comodidad de hogar y el beneficio de ser mantenido por una mujer mayor.
La negra volviò a pararse en la puerta del callejòn, volviò a ponerse aquel jeans a la cintura pero ya no tan apretado como antes, habìa perdido peso la negra, la pena la estaba màs que agobiando. Todas las noches la negra observaba, pero ya las peleas de pareja no le llamaban la atenciòn, sòlo lo esperaba, esperaba que èl pasase, ella estarìa dispuesta a perdonarlo mil y veces màs, pero èl nunca pasò.

Mis padres se casaro en aquella època. Supimos que la negra no se sentìa tan bien pero igual, incondicional como siempre, no faltò al matrimonio. Llegò del brazo de mi tìo, habìa bajado mucho de peso, no tenìa un buen semblante; le preguntè que cosa le pasaba, me dijo, es sòlo anemia y ahora un fuerte resfriado. Bailò alguna pieza, no tenìa el sabor de antes, no habìan màs esas caderas y esos pòmulos regocijantes. Estaba demacrada la negra, no me despedì de ella en el matrimonio, no me habìa percatado que esa, serìa la ùltima vez que la verìa.

Al a
ño siguiente la salud de la negra empeorò; los exàmenes en el hospital dieron la peor de las noticias: La negrita bella, tenìa leucemia en fase terminal.

En el hospital la negra, deliraba y lo clamaba - "Enrique, Enrique, sàlvame mi Enrique, yo te perdono cielo mìo"- Enrique, Enrique hasta el final, pero Enrique nunca llegò.

Mi madre y yo habìamos viajado, ninguna se pudo despedir. Un 12 de febrero a las 3am recibì una llamada de Perù. Era Azucena, la hermana- "Alecita...Alecita...tu madrina ha muerto"-

No sè cuanto tiempo me la so
ñè, no sè cuanto tiempo tardè en reponerme de su pèrdida. Fue demasiado repentino y nunca me pude despedir.
La negrita ya no està, sòlo me quedan los recuerdos, sus bailes, sus caderotas, su quequito caserito, sus silbidos, sus salsas, la cadenita que me regalò.
La negra no muriò de leucemia, le negrita muriò de amor.

Y el callejòn?

Quedò solitario, vacìo, sin la negra, sin su voz ronca, sus bailes, y el perfume a querosene de sus queques. Ya no es el mismo, aunque si ahora pasas por Bre
ña, todo el mundo conoce la calle centenario por "el callejòn de la negra" y las referencias para llegar a una determinada casa, son siempre: "Pasas el callejòn de la negra, dos puertas hacia la derecha, ahì es la casa de la familia Gòmez". "A sì, la tienda de doña Marìa es en la esquina de la calle del callejòn de la negra". "El tipo ese, que no es màs tipo, sino tipa vive frente del callejòn de la negra." "Vecina, han abierto una nueva peluquerìa- A si vecina, dònde? - En la calle centenario- Dònde es eso?- Es la cuadra del callejòn de la negra- Ah! perfecto! irè sin falta-".

Siempre se quedarà con ese nombre, aunque tu no estès màs, aunque tu negrita linda, te hayas apagado y tu amor tambièn.

27 de febrero de 2013

Italia aparta de mi èste càliz.

Ya son màs de 7 años. Vine a Italia un 9 de enero del 2006 con las mejores expectativas de la vida y con tantas ganas de conocer el viejo continente. Si miro atràs, aùn me sale una pequeña carcajada.

Era un 6 de enero del 2006, mi madre y yo salimos a comprar los mejores y màs gruesos abrigos de lana que pudieran resistir el fuerte frìo que habrìa en enero en Milàn.
Estàbamos casi listas. Dos equipajes de 30 kilos màs uno de mano de 15 kilos, explotaban de lo repletos que estaban, aùn habìa dejado la mitad de mis cosas, mi ropa, maquillaje, mi cajita de recuerdos, mis 400 libros,  mi enamoradito, mis amigas y mis recuerdos.
En Perù el dìa anterior hacìa 28 grados centìgrados, el paraìso tropical. Bajamos en Madrid bien envueltas con nuestros abrigos de lana, por dentro un calentador, dos camisetas y una gruesa cafarena de lana. Madrid nos recibiò con 6 grados, pusimos el primer pie bajando del aviòn y dijimos: Estamos en tierra europea! con tanta felicidad como cuando Colòn descubriò Amèrica, nosotras descubrimos el peor de los frìos.

Tratamos de salir del aeropuerto pero todo eran carreteras y nosotras como inexpertas viajeras, pensamos que no habìa otro modo de salir que no fuera con carro propio, asì que permanecimos las 6 horas dentro del aeropuerto. 

Cuando por fin llegamos a Milàn, papà nos recibiò y comimos en el aeropuerto. Mi primera comida en Italia, la tierra de las pastas, las pizzas, y ese recuerdo de la mozzarella elàstica y de los spaghetti fue un "panzerotto" de "Spizzico" en ese momento me pareciò el màs delicioso de los panzerottos, el mejor... y el ùnico que habìa probado en mi vida. 


Estàbamos en Italia, la bella Italia.

 

La bella Italia nos recibiò con -7 grados, el dìa màs frìo del año, señores!. y un aire gris que a pesar de encontrarnos en una mansiòn, sòlo un pequeño espacio era nuestro. Mi primera noche, dormì en la cocina de la casa, porque aùn no estaba terminada.
Se apagaron las luces. La casa estaba casi vacìa. Papà dormìa con mamà. Sòlo recuerdo que cogì las sàbanas, los 2 edredones de pluma, y aùn murièndome de frìo, sentì como si en lugar de separarme un ocèano de Perù, me separase un mundo entero. Vi tan lejano el Perù y el momento en el cual lo volverìa a ver. Recordè a mi abuela y sus llantos antes que me vaya, a mis 4 mejores amigas llorando a mares en el aeropuerto y a mi ese entonces enamorado prometièndome amor sin fronteras. Cubrì mi rostro con el edredòn y me sentì muy triste.

Entrè en un llanto deprabado,  y aùn no habìa visto nada, pero ya nada me estaba gustando. Papà y mamà corrieron hacia mi al escuchar mi llanto. Los abracè fuertemente y entre llantos les dije que ya me hacìa mucha falta mi paìs, mientras me rebotaban en la cabeza las ùltimas promesas que me habìa dicho mi enamoradito y la probabilidad de no volver a ver a mis abuelos.


Esos 7 años, pasaron veloces, empecè a estudiar, regresè a Perù 3 veces, la primera despuès de 6 meses, terminè con mi enamoradito, cambiè de carrera, hice mil y un amigos, tuve uno que otro nuevo enamoradito con sabor a Italia, tuve una que otra decepciòn, llorè a mares y ahora rìo a carcajadas. Viajè por muchos paìses de Europa, aprendì de modas, de gastronomìa, algo de historia del arte, trabajè en un gran centro comercial de modas como burro, domingos y feriados. Hice màs amigos italianos y extranjeros que peruanos. Regresè a Perù y ayudè a gente que lo necesitaba a travès de un proyecto que yo misma creè. Tuve algunas amigas falsas, me quitaron a los novios, las maldije, me arrepenetì, las bendije, reì, y obviamente las alejè de mì. Ayudè a mi familia, volvì a tocar el saxofòn, mis padres compraron 3 casas, se mudaron a Suiza, vivì sola mucho tiempo, aùn vivo sola aunque no del todo  porque ahora la comparto con una hermosa gata y hago juergas por doquier.
Ya son 7 años, e Italia no es bella, es bellìsima. Me ha dado las mejores experiencias de vida.
Si nunca hubiera salido, no hubiera pasado por tantas anècdotas que me hicieron crecer como persona y no habrìa visto tanto arte con mis propios ojos. Nunca hubiera saboreado que es una verdadera pizza, una verdadera pasta, unos dulces exquisitos, una cultura gastronòmica tan diferente en cada regiòn que vayas. No habrìa visto unos mares tan perfectos y tan diversos entre sì jugando con sus colores.
No habrìa sabido que para entender a una nueva sociedad, tienes que conocerla, conocer sus costumbres sin generalizar a sus miembros.
Italia ahora en un fuerte momento de crisis, sigue en pie, como si nada la derrotara por completo, como si aùn quisiera luchar a pesar de las adversidades. Sus esperanzas, sueños, y su gente siguen en pie.

Para mi, Perù siempre serà el paìs màs bello del mundo y para mis gustos tendrà la mejor gastronomìa de todas, pero no puedo dejar atràs todo lo que èste paìs me ha enseñado. Esos recuerdos y ensenanzas de vida que me hicieron crecer. El dìa que aprendì a valorar aquellas cosas, me sentì parte de ella

Y ella, un poco parte de mì.


Coliseo de Roma
Ciudad del Vaticano
Verona
Mantova

Torino
La teta de Julieta. Casa de Julieta, Verona. (cuenta la leyendo que si le tocas la teta, tendràs buena suerte)
Le Castella, Calabria.

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Laly, la dulce.

-"Era el mejor champus del universo"- Le dije hace una semana a mi madre recordando aquel saborcito càlido que hacìa que mi seratonina me produzca la màs amplia de las felicidades alimentarias. Sì, era el mejor champus del universo, aquel que hacìa mi abuelita Laly. Gladys para ser precisa, pero para mi siempre fue Laly. Y es que mi infinita conchudez de pequena me hacìa llamar a cada miembro de mi familia con mi escaso idioma lo que podrìa ser lo màs parecido a sus nombres.

Mi abuela Gladys, poseìa una dulcerìa propia en la inmensa casa de la Victoria, casa en la que vivimos cuando fui pequeña, antes que mis padres se divorciaran. Era su propia patrona, de un caràcter indomable y de una sazòn exageradamente exquisita. Todos sus dulces eran perfectos, venìan inclusive de otras zonas en carro para comparle su famosa torta de chocolate y su exquisita crema volteda, dulce del cual llevo el mejor recuerdo, aùn ahora cuando siento del horno salir esa combinaciòn simple pero bendita de azùcar, huevo, leche y vainilla me viene a la mente mi primaria infancia, esos recuerdos infaltables de cuando era el centro de la atenciòn, aquellas veces en las que las travesuras son permitidas y en donde la mente no se estresa ni piensa en los problemas de la vida. Sin dejar de mencionar su delicioso champus con harina de maiz, chuño, chirimoya y mote, ese champus del cual me podia beber 2 litros en un sòlo dìa. Bendito champus! Benditas manos, abuelita!

Querìa escribir alguna anècdota sobre ella pero no tengo ninguna, sòlo son pequeños recuerdos. No crecì con ella, pero siempre estuvo presente entre mis deseos de tenerla conmigo a ella y a toda mi familia paterna. He estado cerca de 2 horas pero nada me viene a la mente. De ella sòlo recuerdo olores, sabores, sazones, escasas caricias y ese biberon de leche Ideal en su punto de calidez y dulzura que me llevaba en las mañanas cuando yo era pequeña. Recuerdo que era la persona màs amante de los animales que yo haya conocido. Segùn mi madre, cuando yo era pequena ella tenìa dos perros y tres gatos, realmente yo recuerdo muchos perros y muchos gatos, tal vez porque eran los que ella recogìa y les buscaba un buen hogar. Su alma siempre fue caritativa con los animalitos, dice mi madre que esa es la segunda cosa que me heredò, dice tambièn que durante todo su embarazo mi abuelita los 9 meses le daba una gran tajada de torta de chocolate y una coca cola y a mi cuando nacì me hizo a mano roponcitos de lana hermosos, lamentablente resultè alèrgica a la lana y nunca los pude usar. Dice tambièn que durante todo el tiempo que vivimos ahì ella me traìa del mercado unos duraznos inmensos cuanto una toronja, dulces y deliciosos y mientras le brillaban sus ojos y sus regocijantes mejillas se inflaban, sus labios decìan.- "Para mi nietecita, te lo traje yo, tu abuelita Laly, yo, tu abuelita Laly. Quien te lo dio?".- a lo que yo respondìa.- "Mamà...mamamama".-

Abuelita, podrìa agradecerte mil veces porque por un ratito estès conmigo ahora. Tu ya no estàs, hace dos dìas te apagaste, hubiera querido estar ahì contigo y decirte cuanto te querìa. Hubiera querido abrazarte una ùltima vez o recuperar aquel tiempo que no entablamos una relaciòn abuela/nieta. Siempre mantuve una comunicaciòn contigo, y aunque dentro de mi corazòn guardè cierto resentimiento, venìa apagado cuando oìa tu linda frase "Mi Alexandrita, cuanto te quiero", frase que decìas como un suspiro que se apagaba mientras las ùltimas letras venìan dichas. Ya no estàs, pero siempre te guardarè en èste dulce corazòn, dulce como el tuyo, dulce como mis recuerdos.