Ya son màs de 7 años. Vine a Italia un 9 de enero del 2006 con las mejores expectativas de la vida y con tantas ganas de conocer el viejo continente. Si miro atràs, aùn me sale una pequeña carcajada.
Era un 6 de enero del 2006, mi madre y yo salimos a comprar los mejores y màs gruesos abrigos de lana que pudieran resistir el fuerte frìo que habrìa en enero en Milàn.
Estàbamos casi listas. Dos equipajes de 30 kilos màs uno de mano de 15 kilos, explotaban de lo repletos que estaban, aùn habìa dejado la mitad de mis cosas, mi ropa, maquillaje, mi cajita de recuerdos, mis 400 libros, mi enamoradito, mis amigas y mis recuerdos.
En Perù el dìa anterior hacìa 28 grados centìgrados, el paraìso tropical. Bajamos en Madrid bien envueltas con nuestros abrigos de lana, por dentro un calentador, dos camisetas y una gruesa cafarena de lana. Madrid nos recibiò con 6 grados, pusimos el primer pie bajando del aviòn y dijimos: Estamos en tierra europea! con tanta felicidad como cuando Colòn descubriò Amèrica, nosotras descubrimos el peor de los frìos.
Tratamos de salir del aeropuerto pero todo eran carreteras y nosotras como inexpertas viajeras, pensamos que no habìa otro modo de salir que no fuera con carro propio, asì que permanecimos las 6 horas dentro del aeropuerto.
Cuando por fin llegamos a Milàn, papà nos recibiò y comimos en el aeropuerto. Mi primera comida en Italia, la tierra de las pastas, las pizzas, y ese recuerdo de la mozzarella elàstica y de los spaghetti fue un "panzerotto" de "Spizzico" en ese momento me pareciò el màs delicioso de los panzerottos, el mejor... y el ùnico que habìa probado en mi vida.
Estàbamos en Italia, la bella Italia.
La bella Italia nos recibiò con -7 grados, el dìa màs frìo del año, señores!. y un aire gris que a pesar de encontrarnos en una mansiòn, sòlo un pequeño espacio era nuestro. Mi primera noche, dormì en la cocina de la casa, porque aùn no estaba terminada.
Se apagaron las luces. La casa estaba casi vacìa. Papà dormìa con mamà. Sòlo recuerdo que cogì las sàbanas, los 2 edredones de pluma, y aùn murièndome de frìo, sentì como si en lugar de separarme un ocèano de Perù, me separase un mundo entero. Vi tan lejano el Perù y el momento en el cual lo volverìa a ver. Recordè a mi abuela y sus llantos antes que me vaya, a mis 4 mejores amigas llorando a mares en el aeropuerto y a mi ese entonces enamorado prometièndome amor sin fronteras. Cubrì mi rostro con el edredòn y me sentì muy triste.
Entrè en un llanto deprabado, y aùn no habìa visto nada, pero ya nada me estaba gustando. Papà y mamà corrieron hacia mi al escuchar mi llanto. Los abracè fuertemente y entre llantos les dije que ya me hacìa mucha falta mi paìs, mientras me rebotaban en la cabeza las ùltimas promesas que me habìa dicho mi enamoradito y la probabilidad de no volver a ver a mis abuelos.
Esos 7 años, pasaron veloces, empecè a estudiar, regresè a Perù 3 veces, la primera despuès de 6 meses, terminè con mi enamoradito, cambiè de carrera, hice mil y un amigos, tuve uno que otro nuevo enamoradito con sabor a Italia, tuve una que otra decepciòn, llorè a mares y ahora rìo a carcajadas. Viajè por muchos paìses de Europa, aprendì de modas, de gastronomìa, algo de historia del arte, trabajè en un gran centro comercial de modas como burro, domingos y feriados. Hice màs amigos italianos y extranjeros que peruanos. Regresè a Perù y ayudè a gente que lo necesitaba a travès de un proyecto que yo misma creè. Tuve algunas amigas falsas, me quitaron a los novios, las maldije, me arrepenetì, las bendije, reì, y obviamente las alejè de mì. Ayudè a mi familia, volvì a tocar el saxofòn, mis padres compraron 3 casas, se mudaron a Suiza, vivì sola mucho tiempo, aùn vivo sola aunque no del todo porque ahora la comparto con una hermosa gata y hago juergas por doquier.
Era un 6 de enero del 2006, mi madre y yo salimos a comprar los mejores y màs gruesos abrigos de lana que pudieran resistir el fuerte frìo que habrìa en enero en Milàn.
Estàbamos casi listas. Dos equipajes de 30 kilos màs uno de mano de 15 kilos, explotaban de lo repletos que estaban, aùn habìa dejado la mitad de mis cosas, mi ropa, maquillaje, mi cajita de recuerdos, mis 400 libros, mi enamoradito, mis amigas y mis recuerdos.
En Perù el dìa anterior hacìa 28 grados centìgrados, el paraìso tropical. Bajamos en Madrid bien envueltas con nuestros abrigos de lana, por dentro un calentador, dos camisetas y una gruesa cafarena de lana. Madrid nos recibiò con 6 grados, pusimos el primer pie bajando del aviòn y dijimos: Estamos en tierra europea! con tanta felicidad como cuando Colòn descubriò Amèrica, nosotras descubrimos el peor de los frìos.
Tratamos de salir del aeropuerto pero todo eran carreteras y nosotras como inexpertas viajeras, pensamos que no habìa otro modo de salir que no fuera con carro propio, asì que permanecimos las 6 horas dentro del aeropuerto.
Cuando por fin llegamos a Milàn, papà nos recibiò y comimos en el aeropuerto. Mi primera comida en Italia, la tierra de las pastas, las pizzas, y ese recuerdo de la mozzarella elàstica y de los spaghetti fue un "panzerotto" de "Spizzico" en ese momento me pareciò el màs delicioso de los panzerottos, el mejor... y el ùnico que habìa probado en mi vida.
Estàbamos en Italia, la bella Italia.
La bella Italia nos recibiò con -7 grados, el dìa màs frìo del año, señores!. y un aire gris que a pesar de encontrarnos en una mansiòn, sòlo un pequeño espacio era nuestro. Mi primera noche, dormì en la cocina de la casa, porque aùn no estaba terminada.
Se apagaron las luces. La casa estaba casi vacìa. Papà dormìa con mamà. Sòlo recuerdo que cogì las sàbanas, los 2 edredones de pluma, y aùn murièndome de frìo, sentì como si en lugar de separarme un ocèano de Perù, me separase un mundo entero. Vi tan lejano el Perù y el momento en el cual lo volverìa a ver. Recordè a mi abuela y sus llantos antes que me vaya, a mis 4 mejores amigas llorando a mares en el aeropuerto y a mi ese entonces enamorado prometièndome amor sin fronteras. Cubrì mi rostro con el edredòn y me sentì muy triste.
Entrè en un llanto deprabado, y aùn no habìa visto nada, pero ya nada me estaba gustando. Papà y mamà corrieron hacia mi al escuchar mi llanto. Los abracè fuertemente y entre llantos les dije que ya me hacìa mucha falta mi paìs, mientras me rebotaban en la cabeza las ùltimas promesas que me habìa dicho mi enamoradito y la probabilidad de no volver a ver a mis abuelos.
Esos 7 años, pasaron veloces, empecè a estudiar, regresè a Perù 3 veces, la primera despuès de 6 meses, terminè con mi enamoradito, cambiè de carrera, hice mil y un amigos, tuve uno que otro nuevo enamoradito con sabor a Italia, tuve una que otra decepciòn, llorè a mares y ahora rìo a carcajadas. Viajè por muchos paìses de Europa, aprendì de modas, de gastronomìa, algo de historia del arte, trabajè en un gran centro comercial de modas como burro, domingos y feriados. Hice màs amigos italianos y extranjeros que peruanos. Regresè a Perù y ayudè a gente que lo necesitaba a travès de un proyecto que yo misma creè. Tuve algunas amigas falsas, me quitaron a los novios, las maldije, me arrepenetì, las bendije, reì, y obviamente las alejè de mì. Ayudè a mi familia, volvì a tocar el saxofòn, mis padres compraron 3 casas, se mudaron a Suiza, vivì sola mucho tiempo, aùn vivo sola aunque no del todo porque ahora la comparto con una hermosa gata y hago juergas por doquier.
Ya son 7 años, e Italia no es bella, es bellìsima. Me ha dado las mejores experiencias de vida.
Si nunca hubiera salido, no hubiera pasado por tantas anècdotas que me hicieron crecer como persona y no habrìa visto tanto arte con mis propios ojos. Nunca hubiera saboreado que es una verdadera pizza, una verdadera pasta, unos dulces exquisitos, una cultura gastronòmica tan diferente en cada regiòn que vayas. No habrìa visto unos mares tan perfectos y tan diversos entre sì jugando con sus colores.
No habrìa sabido que para entender a una nueva sociedad, tienes que conocerla, conocer sus costumbres sin generalizar a sus miembros.
Italia ahora en un fuerte momento de crisis, sigue en pie, como si nada la derrotara por completo, como si aùn quisiera luchar a pesar de las adversidades. Sus esperanzas, sueños, y su gente siguen en pie.
Si nunca hubiera salido, no hubiera pasado por tantas anècdotas que me hicieron crecer como persona y no habrìa visto tanto arte con mis propios ojos. Nunca hubiera saboreado que es una verdadera pizza, una verdadera pasta, unos dulces exquisitos, una cultura gastronòmica tan diferente en cada regiòn que vayas. No habrìa visto unos mares tan perfectos y tan diversos entre sì jugando con sus colores.
No habrìa sabido que para entender a una nueva sociedad, tienes que conocerla, conocer sus costumbres sin generalizar a sus miembros.
Italia ahora en un fuerte momento de crisis, sigue en pie, como si nada la derrotara por completo, como si aùn quisiera luchar a pesar de las adversidades. Sus esperanzas, sueños, y su gente siguen en pie.
Para mi, Perù siempre serà el paìs màs bello del mundo y para mis gustos tendrà la mejor gastronomìa de todas, pero no puedo dejar atràs todo lo que èste paìs me ha enseñado. Esos recuerdos y ensenanzas de vida que me hicieron crecer. El dìa que aprendì a valorar aquellas cosas, me sentì parte de ella
Y ella, un poco parte de mì.
Y ella, un poco parte de mì.
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| Coliseo de Roma |
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| Ciudad del Vaticano |
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| Verona |
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| Mantova |
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| Torino |
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| La teta de Julieta. Casa de Julieta, Verona. (cuenta la leyendo que si le tocas la teta, tendràs buena suerte) |
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| Le Castella, Calabria. |
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Owwww mi alien recuerdo muy bien el dia q t fuist llore como magdalena!
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