Como no acordarme de ese riquisimo olor que salia de la casa de Doña Julia, cada vez que hacìa su famosa pollada, la cual venìa frita en abundante aceite o tal vez alguna otra materia grasa que no por fuerza era de calidad, pero como dicen por ahi las cosas màs grasas son siempre las mas sabrosas. Y asì era, ese colorcito rojizo, olor a aji panca condimentado en ese exquisitìsimo y grandìsimo pollo que como guarniciòn orgullosamente llevaba papas con crema de ajì rocoto y algunos hasta por ahì para hacerla aùn màs grande y apetecible le ponìan choclo y ensalada. Una señora pollada! Nunca en mi vida habrìa comido de tan exquisito modo un pedazo de pollo como cada vez que lo hacìa "La Julia".
Julia venìa de Chepen, en el Norte parte sierra del Perù, vivìa en un cuartito a lado de nuestra casa donde hay un callejòn que venia nominado "el callejòn de la negra" por la mejor amiga de mi madre, mujer voluptuosa, de hermosas caderas y rasgos del rostro como los de una morena un poco acriollada; sin embargo, todas las ventajas de la popularidad se las llevaba Julia, la señora inmensamente gorda y bastante grosera que vivìa en el callejòn. Nunca la escuhè hablar, siempre la escuchè gritar, y de aquellos gritos se entendìan sòlo dos palabras pues lo demàs eran normalmente lisuras; sin embargo, èsta señora tan caracteristica, era a veces digna de admirar, era la ùnica que mantenìa a toda su familia, y cuando no se la hacia, organizaba polladas, creando asì el plato màs jugosamente rico que yo haya probado en mi vida. Se paraba afuera del callejòn con su cocinita de querosene de sòlo dos hornillas, una grande sartèn y como 5 litros de "aceite" (o lo que fuese) salìa ya con una fuente amacerada previamente un dìa anterior con algùn elixir maldito que hacia que su plato sea exquisito. Medio Breña iba tras su pollada, ese dìa el callejòn ahora triste y solitario (sin Julia y sin la negra) se repletaba de gente que llegaban desde las barriadas màs remotas de Breña para colaborarle y a la misma vez comer y beber hasta tirarse al suelo. Despuès de cierto tiempo, pienso que serìa despuès que lograba recolectar un poco de dinero, Julia desaparecìa por 6 meses, se iba a su pueblo y luego volvìa a su cuartito en su querida Breña.
Junto a ella en ese cuartito de 20 metros cuadrados vivìan sus 4 hijos.
Lucha, Coco, Pato y Juancito, cada uno era diverso al otro a excepciòn de Lucha y Coco que parecìan gemelos, decìan por ahì las malas lenguas que Julia se habìa metido con su primo hermano y asì habrìa tenido a Lucha y Coco quienes sufrìan sìndrome de down, cosa que no se notaba fisicamente pero si al hablar. .
Yo pedìa siempre al cielo que llegase màs concurridamente ese dìa en el que la pollada de "la Julia" que con 5 soles comìas, sea mi cena nocturna.
Lo màs divertido era ver a medio Breña entrar en ese corridor de 20 metro de largo por 5 de ancho, todos felices bebiendo y bailando, yo jugando con mis amiguitas y el olorcito de pollada bailable, pollada de Julia, del callejòn de la negra, la compañìa y la solidaridad que en cierta forma venìa bien recompensada a la hora de ser comida.
Traje èste recuerdo a mi mente por lo mismo que hoy volvi a probar ese rico sazòn muy parecido y aunque èsta vez no haya sido hecha en cocina de querosene ni el sartèn vieja y gigante, el sabor traìa los viejos recuerdos de la pollada de anteano, esa la de la señora Julia, esa mujer tan gorda de manos de dioses. Me pregunto que fue de su incansable vida caòtica. Sòlo se que se fue a Chepen con toda su familia, fue lo ùltimo que supe despuès que mi abuelo comprò para mi tio el cuartito de 20 metros en el que ella vivìa, del cual ella no pagaba alquiler desde hace màs de 3 años, y asì la duena, en su deseperaciòn lo rematò. A lo que por una parte podrìa parecer viveza era tambièn desesperaciòn absoluta al ver las condiciones en las que vivìa y que tal vez nunca iba a salir de ellas.
Al comprar mi abuelo la casa en la que ella estaba, Julia demostrando su ira despuès de haberse recordado de la madre, la abuela, la bisabuela y las 30 generacionas pasadas y futuras de mi abuelo, le dejò dos toneladas de basura dentro y arrancò el water, fue su forma de venganza, y entre lloros, gritos y a lisuras prometiò que volverìa algùn dia por la rebancha.
Yo la recuerdo, valiente, vieja pero valiente, con la cara de pleitista y estresada pero tambièn con cierta picardìa y sarcasmo y con esas manos exageradamente benditas que donaron alguna vez a mi paladar el exquisito sabor de sus diabòlicas polladas. Las seguirà haciendo...?
Julia venìa de Chepen, en el Norte parte sierra del Perù, vivìa en un cuartito a lado de nuestra casa donde hay un callejòn que venia nominado "el callejòn de la negra" por la mejor amiga de mi madre, mujer voluptuosa, de hermosas caderas y rasgos del rostro como los de una morena un poco acriollada; sin embargo, todas las ventajas de la popularidad se las llevaba Julia, la señora inmensamente gorda y bastante grosera que vivìa en el callejòn. Nunca la escuhè hablar, siempre la escuchè gritar, y de aquellos gritos se entendìan sòlo dos palabras pues lo demàs eran normalmente lisuras; sin embargo, èsta señora tan caracteristica, era a veces digna de admirar, era la ùnica que mantenìa a toda su familia, y cuando no se la hacia, organizaba polladas, creando asì el plato màs jugosamente rico que yo haya probado en mi vida. Se paraba afuera del callejòn con su cocinita de querosene de sòlo dos hornillas, una grande sartèn y como 5 litros de "aceite" (o lo que fuese) salìa ya con una fuente amacerada previamente un dìa anterior con algùn elixir maldito que hacia que su plato sea exquisito. Medio Breña iba tras su pollada, ese dìa el callejòn ahora triste y solitario (sin Julia y sin la negra) se repletaba de gente que llegaban desde las barriadas màs remotas de Breña para colaborarle y a la misma vez comer y beber hasta tirarse al suelo. Despuès de cierto tiempo, pienso que serìa despuès que lograba recolectar un poco de dinero, Julia desaparecìa por 6 meses, se iba a su pueblo y luego volvìa a su cuartito en su querida Breña.
Junto a ella en ese cuartito de 20 metros cuadrados vivìan sus 4 hijos.
Lucha, Coco, Pato y Juancito, cada uno era diverso al otro a excepciòn de Lucha y Coco que parecìan gemelos, decìan por ahì las malas lenguas que Julia se habìa metido con su primo hermano y asì habrìa tenido a Lucha y Coco quienes sufrìan sìndrome de down, cosa que no se notaba fisicamente pero si al hablar. .
Yo pedìa siempre al cielo que llegase màs concurridamente ese dìa en el que la pollada de "la Julia" que con 5 soles comìas, sea mi cena nocturna.
Lo màs divertido era ver a medio Breña entrar en ese corridor de 20 metro de largo por 5 de ancho, todos felices bebiendo y bailando, yo jugando con mis amiguitas y el olorcito de pollada bailable, pollada de Julia, del callejòn de la negra, la compañìa y la solidaridad que en cierta forma venìa bien recompensada a la hora de ser comida.
Traje èste recuerdo a mi mente por lo mismo que hoy volvi a probar ese rico sazòn muy parecido y aunque èsta vez no haya sido hecha en cocina de querosene ni el sartèn vieja y gigante, el sabor traìa los viejos recuerdos de la pollada de anteano, esa la de la señora Julia, esa mujer tan gorda de manos de dioses. Me pregunto que fue de su incansable vida caòtica. Sòlo se que se fue a Chepen con toda su familia, fue lo ùltimo que supe despuès que mi abuelo comprò para mi tio el cuartito de 20 metros en el que ella vivìa, del cual ella no pagaba alquiler desde hace màs de 3 años, y asì la duena, en su deseperaciòn lo rematò. A lo que por una parte podrìa parecer viveza era tambièn desesperaciòn absoluta al ver las condiciones en las que vivìa y que tal vez nunca iba a salir de ellas.
Al comprar mi abuelo la casa en la que ella estaba, Julia demostrando su ira despuès de haberse recordado de la madre, la abuela, la bisabuela y las 30 generacionas pasadas y futuras de mi abuelo, le dejò dos toneladas de basura dentro y arrancò el water, fue su forma de venganza, y entre lloros, gritos y a lisuras prometiò que volverìa algùn dia por la rebancha.
Yo la recuerdo, valiente, vieja pero valiente, con la cara de pleitista y estresada pero tambièn con cierta picardìa y sarcasmo y con esas manos exageradamente benditas que donaron alguna vez a mi paladar el exquisito sabor de sus diabòlicas polladas. Las seguirà haciendo...?

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